El SOS de una pequeña residencia de ancianos

Madrid, 30 mar (EFE).

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- "Situación crítica. Pedimos auxilio".

Una pequeña residencia de mayores de la provincia de Cuenca volvía este lunes a reclamar ayuda urgente a través de las redes sociales. Son ya tres los muertos, después de que un anciano ingresado en el hospital regresara al centro sin conocer el resultado de su test, que al cabo de unos días fue positivo.

En la tarde del domingo un familiar enviaba un mensaje: "Acaba de fallecer mi abuela". Horas antes el director del Residencial Cervantes, en Villamayor de Santiago, había lanzado una primera llamada de socorro, desbordado frente a "un enemigo que está dentro, pero no se deja ver" y en busca de mano de obra y material de protección: "¡Necesitamos ayuda!".

Villamayor es un pueblo de unos 2.500 habitantes dividido por una carreterilla que conduce al embrión de un infierno.

En las afueras, la residencia acoge a mayores de los municipios del entorno. Con 13 trabajadores dados de baja por síntomas del coronavirus de los 30 en plantilla, la mitad de los 70 huéspedes está en una zona de aislamiento.

El responsable del centro, Jorge Fernández, alertaba ayer a Efe de la muerte de una mujer sin señales del virus. "Ha fallecido, no sabemos de qué", cuenta.

Un tercer interno perdió también la vida el pasado domingo en el centro, nadie sabe si contagiado. "No se han hecho pruebas ni a internos ni a trabajadores", lamenta Fernández por teléfono, quien, a la espera de recibir los test, improvisa la "labor titánica" de cubrir las necesidades de los usuarios.

El único positivo conocido se confirmó el pasado 24 de marzo en un hombre que fue ingresado en el hospital Virgen de la Luz de Cuenca por falta de aire y que al cabo de cuatro días volvió sin el resultado de la prueba. Hospitalizado nuevamente en estado grave, supieron que había dado positivo.

Relata el director que el residente se levantó con un leve pico de fiebre. "Hubo que ponerle oxígeno, no remontaba, y lo mandamos al hospital", apunta el director del centro, que recuerda entrar en la habitación del interno vestido como un "astronauta".

"Cuando regresó, nos pusimos en alerta", asegura. "Confinamos a los residentes en las habitaciones para preservar la distancia de seguridad".

La falta de medios se compensa con las donaciones de mascarillas de tela y batas hechas con bolsas de basura por los vecinos, además de las desinfecciones a diario del perímetro por tractoristas. Del interior se han encargado los Bomberos y agentes de extinción de incendios.

Desde la Administración han facilitado alrededor de medio millar de protecciones desechables y botes de gel hidroalcohólico. "Muy poco", según Jorge Fernández, que aun así agradece la colaboración de las autoridades en medio del caos.

"El problema es que cada vez son más los residentes que presentan síntomas", lo que conlleva desplazarlos al área de cuarentena. Jorge Fernández se lanzó el sábado a las redes para que la gente de los alrededores eche una mano, a sabiendas de que con ello pondrían en riesgo a sus familiares.

"La necesidad son manos para trabajar, para atender a los residentes, darles de comer, asearlos", reclama. "Psicológicamente, es muy duro.

Llegas a casa derrumbado por la impotencia de que no puedes hacer nada por estas personas. Tu equipo, que siempre ha respondido, se derrumba a cada momento.

Jamás imaginaba algo así", resume con una voz que empieza a quebrarse. Buscan auxiliares, incluso sin titulación, que ayuden a los enfermeros en la medicación y las curas, a los terapeutas y a los fisios.

Los familiares no han visto a sus parientes desde el pasado 9 de marzo, antes de decretarse el estado de alarma. Además de reforzar la atención por teléfono, la residencia ha puesto en marcha un programa de videollamadas, explica, con el objetivo de "paliar la dificultad de no poder verlos".

"Si fuera un enemigo que ves entrar por la puerta y se va si le pegas cuatro tortazos, estaría encantado de la vida", dice Fernández, "pero es un enemigo invisible. Sabemos que está dentro, pero no qué hacer para luchar contra él".

Sergio Perea (c) Agencia EFE .